Con mucho gusto recibí tu llamada desde Oxford informando de tu estancia en la chamuscada y calurosa Australia, a donde fuiste para ver la idiosincrásica piedra Uluru; lamento todos los sinsabores de este viaje de sólo 16 horas en avión, más las largas polvorientas horas en jeep para llegar a la roca tan venerada por los nativos. Conociendo tu pasión de explorador británico que tuvo que ser auxiliado en Nepal por falta de oxígeno, contemplador de tortugas gigantes en los Galápagos, y de otros tantos viajes en los que la aventura te seduce. Conozco también tu frustración por no poder venir a contemplar pájaros y caimanes en el confiscado Hato Piñero, así como el cancelado viaje para -caminado por la selva guayanesa -. llegar al pie del Salto Ángel. Fin de resarcirte esos fallidos viajes a tu segunda patria, te propongo un tour verdaderamente de aventura para que disfrutes del socialismo del siglo XXI.