La situación económica y social de más siete millones entre trabajadores activos y pensionados es de extrema precariedad. Después de trabajar por más de treinta años y haber alcanzado los sesenta años de edad, ese grupo de personas, hoy en Venezuela no pueden ni siquiera alimentarse decentemente. Y es que el salario mínimo y consecuentemente la pensión del Seguro Social han sido pulverizadas por la hiperinflación que azota a Venezuela desde octubre de 2017. Usando cualquier patrón de comparación es claro que el monto recibido por los trabajadores es insuficiente. Si tomamos en cuenta salario más el ticket de alimentación, la remuneración integral alcanza a US$ 7,0 que comparado con el valor de la cesta alimentaria, cifrada en US$ 150 para una familia de cuatro miembros, deja en evidencia la vulnerabilidad de la gran mayoría de las familias venezolanas.