El 2020 llegó y los venezolanos que hacemos vida en el país lo recibimos con un ánimo un tanto diferente; reflexivo, prudente o, si se quisiese, observante. Como siempre, las nuevas atrocidades empiezan a proyectarse en el drama que se ha convertido el caos nacional, pero nosotros ya no reaccionamos. No hay gritos, ni siquiera hay bostezos. Tenemos es silencio y éste tiene sus causas.