“De ninguna manera”, dijo Celaá. A pregunta de Ketty Garat, sobre si no era “judicializar la política” recurrir ante los tribunales el mal llamado “pin parental” en Murcia mientras se inhibe ante el adoctrinamiento racista en Cataluña, la ministra de Educación fue contundente: “Los hijos no son de los padres, de ninguna manera”. En España, el Gobierno no cría niños salvo en las casas de acogida por falta de padres en condiciones de hacerlo, y los cría tan mal que acaban, como en Mallorca y por docenas, en redes de prostitución y drogas o, como en Valencia, padeciendo abusos de sus muy oficiales cuidadores, como el marido de la ultraizquierdista Mónica Oltra. En ambos casos, esa educación por prostitución o venopunción está tan acreditada como ocultada por alguna fiscalía de menores, ahora bajo Lola Delgado, relatora y no denunciante de menoreos fiscales en el extranjero.