Bien se sabe que en Venezuela nadie se puede sentir seguro. Con base a esa comprobada premisa, se plantea el retorno del presidente Juan Guaidó. Él ha dicho que “asume los riesgos implícitos en esta responsabilidad”. Eso no significa que se muestre como un super hombre, que no experimente miedo alguno. Nada de eso. Más bien, lo que cobra trascendencia es que cuando se acusan los escalofríos que produce ese sentimiento, lo que más vale es atreverse a desafiarlo y eso es lo que hacen, a diario, millones de venezolanos acosados por el hamponato que se ha repartido el territorio nacional. Como bien lo ha caracterizado el analista David Morán, “Venezuela está somalizada”. Y esa es la verdad. Dolorosa, pero cierta.