El varapalo en Iowa pone cuesta arriba la carrera electoral de Joe Biden

El pasado fin de semana, Joe Biden celebraba en la localidad de Waterloo, en Iowa, uno de los numerosos mítines en los que se prodigó en los días previos a los caucus de este lunes. Cualquiera que hubiera ido a actos electorales del resto de candidatos en el mismo estado, donde se inauguraban las primarias para elegir al nominado demócrata a la presidencia de Estados Unidos, percibiría las diferencias con los del exvicepresidente: la electricidad, el fervor de las campañas de Bernie Sanders, Pete Buttigieg, Elizabeth Warren o incluso candidatos sin posibilidades, como Andrew Yang, estaban ausentes con Biden. Mítines encorsetados, voluntarios poco animados, ambiente alicaído y un candidato que no levanta a la parroquia: se le ve como una figura venerable, más que ilusionante.

Joe Biden tiene 77 años, la misma edad que otro de los candidatos –Michael Bloomberg– y uno menos que Sanders, que el pasado otoño tuvo un infarto cardiaco. Pero, en la caravana electoral, al que fuera segundo de Barack Obama le aparenta pesar más la edad.

En el mitin de Waterloo se movía con lentitud, hablaba con un hilo de voz y recetaba un discurso deslavazado, para el que se ayuda con un bloc de notas plastificado. Es la misma sensación que ha dado hasta ahora en los debates televisados entre candidatos, en los que a ratos parecía ausente, equivocaba datos y hablaba a trompicones.

Todo eso no ha sido una señal de alarma para Biden, favorito aparente desde el comienzo de la campaña y al que las encuestas a nivel nacional siguen colocando en primera posición. Al menos, hasta Iowa. Aquí el candidato se ha hundido y, a falta de que se publiquen los resultados finales –anoche el escrutinio estaba al 74%–, Biden podría quedar, como mucho, tercero y es posible que finalice en cuarto lugar, por detrás de Pete Buttigieg, Bernie Sanders y Elizabeth Warren.

«Puñetazo en el estómago»
Es cierto que Iowa no es un estado que favorezca a Biden: es mayoritariamente blanco y él tiene mucho apoyo de minorías. Aun así, la mayoría de las encuestas le colocaban al menos segundo antes de celebrarse los caucus.

«No lo puedo negar, ha sido un puñetazo en el estómago», reconoció ayer en su habitual lenguaje de hombre común. Pero lo peor podría estar todavía por llegar: el próximo martes son las primarias de New Hampshire y allí las cosas tampoco pintan bien (la última encuesta da gran ventaja a Sanders y deja a Biden otra vez por detrás de Buttigieg); después llegarán los caucus de Nevada, un estado cuya demografía tampoco le beneficia. Solo en Carolina del Sur, un estado con mucha población negra, a final de mes, podría encontrar un gran resultado. Pero para entonces ya encadenaría tres estados sin victoria, algo difícil de encajar para alguien que se presupone favorito.

Biden está ya en New Hampshire, donde ha pasado al ataque para recuperar impulso. En un mitin en Somersworth criticó con fuerza a Sanders, del que dijo que se autodenomina como «socialista demócrata», una etiqueta que tendrán que arrastrar todos los candidatos demócratas en las elecciones del año que viene. «Ya hemos visto lo que Trump hará con eso», dijo pocos días después de que el presidente de EE.UU. calificara a Sanders de «comunista».

Buttigieg puede ser todavía más peligroso para Biden, ya que aspira al mismo electorado centrista y moderado. «Seré sincero con vosotros, creo que es un riesgo nominar a alguien que no ha tenido mayor cargo que alcalde de una localidad de cien mil habitantes en Indiana», dijo del joven exalcalde de South Bend.

Buttigieg, en Portsmouth (New Hampshire) – Reuters
Pete Buttigieg: en busca del espíritu de Obama
Las opciones de un candidato improbable como Buttigieg para lograr la nominación demócrata pasan por aprender la lección de Obama: construir una coalición que se salga de los límites del partido e incluya a minorías. Es una idea diferente a la de Bernie Sanders, que apuesta por movilizar al electorado de izquierdas y llevarlo en masa a las urnas.Buttigieg, de solo 38 años, lo consiguió en Iowa: parte de su excelente resultado se basa en obtener apoyos en distritos moderados, con mucho peso de independientes y republicanos. En este estado, mayoritariamente blanco, no tuvo el problema de su escaso apoyo entre minorías raciales, la pata que le falta para construir una gran coalición. Pero trabaja en ello: en sus mítines siempre se rodea de legisladores negros, ha disparado sus anuncios en español y se esfuerza por colocar personas que no sean blancas como fondo de sus intervenciones.

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Author: Pablo Perez