El deterioro paulatino de las condiciones para invertir, innovar y emplear llevó a la economía chilena a un estancamiento durante el gobierno anterior. Quedaron atrás las aceleradas tasas de progreso, superiores al 7%, que conoció a comienzos de la década de los 90. Este proceso afectó a todos los chilenos, pero especialmente a quienes habían visto por primera vez una luz de esperanza en un país que por décadas se debatió en la pobreza.