Del Banco Central de Venezuela solo queda el edificio, una mole de concreto armado, unos escritorios y unas sillas. Como institución monetaria dejó de existir hace un buen tiempo. Para que se tenga una idea de esto último, desde el año 2013 el BCV no da a conocer los lineamientos de política monetaria. Un banco central que perdió el rumbo en materia de lucha contra la inflación y su mejor arma es esconder y manipular las cifras, siendo éstas publicadas cuando le sea más conveniente a su presidente usurpador. El banco central tiene sentido para una sociedad cuando ese ente lograr que la moneda por él emitida conserve su valor y nada de eso ocurre en Venezuela. Todo lo contrario, el BCV ha sido el sepulturero de su propio signo monetario y lo ha envilecido al extremo que desde 2008 le ha tenido que quitar ocho ceros para hacer comprensibles las transacciones. La hiperinflación de más de dos años ha contribuido a la ruina de los venezolanos. Ha sido dirigido el BCV en los últimos diez años por una mezcla indigesta de mediocridad, corrupción e ignorancia.