Resulta fácil observarle los retorcijones al aparato digestivo de la política. Sucede cuando la mentira ha extraviado el dote para engatusar y los gobernantes pierden aliados de forma estrepitosa. Es en ese momento cuando se reconocen las falencias sin espejuelos galácticos. Cuando se esfuma la compostura sin ton ni son y se dice lo indecible.