La negativa del gobierno socialista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias a recibir al presidente del parlamento venezolano y presidente interino de Venezuela Juan Guaidó fue el parteaguas que empujó literalmente al presidente legítimo de Venezuela a los brazos de los Estados Unidos, algo que el joven diputado socialista había tratado de mantener distante de sus opciones políticas reales. Detrás de la negativa de Sánchez-Iglesias y el rechazo de la Internacional Socialista europea a tomar partido abiertamente por los demócratas venezolanos y unirse a su causa por el pronto desalojo de la dictadura, a su máximo representante no le quedó otra salida que aceptar lo que la oposición radical venía exigiéndole infructuosamente desde el 23 de enero de 2019: comenzar sus acciones internacionales presentándose en Washington. Y establecer una sólida alianza con Donald Trump, único aliado confiable y efectivo en el panorama internacional.