Las sanciones que los factores de poder internacional –Estados Unidos, la Unión Europea, el Grupo de Lima- están aplicándole al gobierno de Nicolás Maduro, no constituyen ninguna victoria de la oposición. En realidad, representan el signo de la decadencia de un régimen que optó por atornillarse al poder, aunque esa obsesión siga causando el aislamiento y la destrucción del país. No celebro que los norteamericanos hayan sancionado a Pdvsa y, ahora, a Rosneft Trading, mampara utilizada por Maduro para colocar en el mercado internacional el crudo que producido en el país, para de ese modo evadir las sanciones aplicadas por la administración de Donald Trump. Todo esto me parece una tragedia que daña a la nación.