El 9 de septiembre de 1965, el pequeño avión de combate A-4 voló a poca altura directo a una trampa antiaérea: la estrecha cabina se incendió y los mandos se desprendieron. Después de la eyección, el piloto tuvo unos treinta segundos para hacer una última reflexión antes de caer en manos del ejército vietnamita. Se susurró a sí mismo: “Cinco años allá abajo, al menos. Me voy del mundo de la tecnología y entró en el mundo de Epicteto”.