Lo tenía en frente. En la mira perfecta para accionar el percutor. Había como dos mil personas y las banderas ondeaban con frenesí. No sabía si tomar precauciones elementales o dejarse llevar por las circunstancias perfectas. En su fuero interno no cabían los escrúpulos. Quizá un poco de estupor. No era un blanco móvil ni mucho menos. A primer golpe de vista, solo se requeriría de una bala. Un plomazo irreparable. Podría ser un héroe para algunos, pero un villano para el mundo. Es una sensación comprensible por lo que está en riesgo.