Existe un verdadero temor para acercarse al tirano. El peligro es latente y no vale el riesgo trastornado. No es la época de los mogoles salvajes ni de los sueños encumbrados en el Himalaya. Ni jurando al frente de una mezquita podrían resguardarse de las secuelas de las sanciones. Son quizá la tercera economía más importante del planeta y un puñado de forajidos no los pondrán en peligro ante un posible conflicto.