El 10M refleja el persistente e incremental conflicto social entre la dirigencia democrática y la masa ciudadana de la democracia venezolana que padece la sociedad venezolana, como consecuencia de la arbitrariedad del régimen autocrático-militarista y también por el comportamiento indulgente, de quienes como oposición política lideran el restablecimiento de la democracia sin conocimiento cierto del Ambiente Político Real Violento. El 10M y su pliego conflictivo nacional, demuestran -una vez más- una oposición democrática desarticulada, sin comunicación plena y sin incorporación de toda la masa de venezolanos democráticos que, sí reclama ya y de manera impostergable, una Transición Política que se prometió desde el 5 de enero de 2019, 5 de enero cuando la Ley de Estatuto orienta a la oposición política a que desplazara al madurismo-militarista, debido a su condición de usurpación y su permanente violencia y desarraigo frente a la Constitución.