Aún es temprano para predecir cuándo despertaremos de la pesadilla del virus chino. Pero hay circunstancias objetivas para vaticinar que, sanados los afectados y enterrados los fallecidos por la pandemia, la maltratada y disminuida economía de Venezuela habrá recibido durante estas semanas, o meses, un puntillazo casi mortal. Por infortunada coincidencia con esta crisis de salud, paralizante de la actividad productiva y comercial mundial, el mercado petrolero está sufriendo el mayor derrumbe que recordamos desde 1998, entonces como ahora, producto de una guerra de precios entre productores fundamentales.