Nuestro distanciamiento social del resto del mundo – migratorio y turístico- ha actuado hasta el presente como la mayor barrera a la entrada y propagación de la Covid-19 en nuestro suelo. Admitiendo que no hay mal que su bien no tenga, la ruina e inseguridad imperantes en el país han aportado como socorro colateral, ante la actual pandemia, el alejamiento de visitantes potenciales portadores del mal.