Algunos empresarios venezolanos tenían meses muy contentos y no los culpo. Ciertas señales les dieron a entender que la dictadura madurista se decidía a abrir la economía levantando varios de los controles que habían estrangulado a la empresa privada desde hace unos cuantos años. Atrás habían quedado el control de cambio, los controles de precios, las inspecciones arbitrarias y televisadas de los organismos de fiscalización, las innumerables barreras para las exportaciones e importaciones. Más sorprendente aún, habíamos pasado del país donde era delito decir el precio del dólar paralelo al país de la dolarización de facto donde hasta el “boxing day” se celebraba.