El mercado petrolero internacional está estremecido por un terremoto no visto en décadas. Ni siquiera cuando la crisis financiera de 2008-2009 el mundo de los hidrocarburos había estado sometido a una situación de caída tan abrupta tanto en la producción como en los precios. En las condiciones comerciales normales de cualquier actividad económica esta coyuntura de declinación acelerada de los precios hubiese significado que muchos campos o inclusive países, se harían inviables desde el punto de vista estrictamente financiero, como es el caso de los productores de altos costos como Venezuela, Estados Unidos y México, entre otros. Pero no es así, los países productores cuentan con herramientas para defenderse de la caída de los precios y lo están haciendo como suelen hacerlo: recortando la producción para tratar de acoplarla a una demanda menguada.