El incrédulo siempre desea verle el truco a cada situación. Quizá le asalté preguntas honestas sobre la realidad o le agote que siempre terminen tronando las posibilidades. Teme observar el penoso desenlace de siempre. Que se cierre la ventanilla por donde entraba el sueño enfebrecido. Quedar exhausto de la tragicomedia y no suceda nada. Como el matemático experto que se sabe el resultado al dedillo.