Terminó la Semana Santa y todavía no se sabe del paradero de Daniel Ortega. Mejor es decir, la opinión pública no sabe de él, porque los grandes capitostes del crimen nacional e internacional que lo tienen por jefe de las mafias de alcance más limitado en Centroamérica, duermen con absoluta tranquilidad. Quizá estará “cuarenteneando” en un plácido lugar, gozando de la vida, a escondidas de su vicepresidencial mujer. A lo mejor, “brujereando” en algún sitio que lo requiere a tiempo completo para ritos impublicables. O drá algunas vueltas nocturnas por el malecón de La Habana, luego de intensos chequeos médicos. En todo caso, aún fuera del escenario de una pandemia que lo requiere personalmente en Managua u otros lugares del hermoso país, evadiendo sus responsabilidades, no dejará de ejercer el control directo del poder, monitoreándolo incansablemene, chequeando a sus capataces, coordinándose con sus colegas del continente en el avance que siguen intentando e Foro de Sao Paulo y administrando el miedo que les genera el señor Trump.