Los ya conocidos sucesos del 19 de abril de 1810, nos llenan de un legítimo orgullo por el bravo pueblo venezolano. Es verdad, la ocupación napoleónica de España trastocó a sus colonias de ultramar, pero también lo es que, con o sin ocupación, en Venezuela no hubiese tardado demasiado una rebelión que venía incubándose por años. El pensamiento ilustrado ya se sentía en las élites, las divisiones de castas y de razas lucían insoportables, la realidad económica apuntaba hacia otros horizontes. Mejor aún, la venezolanidad había cuajado y necesitaba de una libre y plena manifestación. Por consiguiente, lo ocurrido en el cabildo caraqueño no surgió del azar, no fue algo casual o fortuito. La conformación de la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, estuvo previamente pensada y dio ejemplo de una gran habilidad política de la civilidad de entonces. Y tan fuerte era el ideal republicano, que fuimos precursores, atrevidos y echados pa`lante al tratarse de la Libertad y de la República.