Al mundo le cayó encima el coronavirus como un meteorito inesperado, demostrando los frágiles que somos ante la terrible pandemia, tal cual como sucedió con el RMS Titanic en 1912, el mejor transatlántico de pasajeros construido hasta entonces; la fatalidad del hundimiento lo encontró desprovisto de suficientes botes salvavidas para todos los pasajeros: 1.497 almas murieron ahogadas, sobrevivieron 711 personas. A los países más desarrollados la pandemia los embistió sin el número de camas hospitalarias y respiradores en número adecuados.