La rapidez del contagio de esta nueva pandemia originada en China, llamada COVID-19, una enfermedad infecciosa que ataca los pulmones y los hace colapsar, es más peligrosa que su letalidad, relativamente baja. Sus efectos me recuerdan una de las terribles armas usadas al final de la guerra entre Estados Unidos y Vietnam con la caída de Saigón, retomada por los comunistas triunfantes. A su retiro, las tropas derrotadas lanzaron como despedida la “bomba-solo mata-gente”, que eliminaba el oxígeno del aire en un radio de varios kilómetros alrededor de donde caía. Miles de cadáveres quedaron esparcidos, todos sin heridas ni tiros en sus cuerpos, con un mismo gesto de las manos hacia el cuello, porque simplemente se quedaban sin poder respirar. El genial humorista venezolano Pedro León Zapata la bautizó, con punzante ironía, la “solo-salva-corotos”.