No sorprende que presuntos dirigentes aboguen hoy por una tregua, en atención a la amenaza del coronavirus. Cierto, en casi todo el planeta la emergencia ha obligado a postergar las diferencias políticas pero eso ha sido posible porque quienes ejercen el poder asumen una actitud cónsona con tal propósito y juegan su rol con algún sentido de responsabilidad. Son políticos -con defectos y virtudes- pero con un mínimo de compromiso social, no se trata de una corporación delictiva que poco le importa el sufrimiento del pueblo y solo les interesa preservar el poder, así sea sobre las ruinas de una nación. Así que en Venezuela la realidad es muy distinta al resto del mundo. Quienes insisten en su tesis de cohabitar con el régimen, no sólo obvian una realidad patente y un desenlace inminente, sino que desconocen elementos esenciales de la política y bordean peligrosamente las fronteras de la ética.