Hace muchos años el premio Nobel Amartya Sen expresó en un famoso artículo que “las hambrunas no ocurren en las democracias”. Su razonamiento, muy lógico, era que en las dictaduras es inherente la ausencia de transparencia, rendición de cuentas, libre circulación de información y la imposición de una sola “verdad”. En tal caso esperar que una dictadura diga que la gente muere de hambre o de enfermedad, que sufre y que padece “X” problema, es en vano.