Estados Unidos todavía estaba de duelo. El mundo, impactado por lo que había sucedido aquel 11 de septiembre del 2001, cuando cuatro atentados suicidas golpearon en simultáneo lugares icónicos del país norteamericano. Las imágenes de las Torres Gemelas derrumbándose en el World Trade Center de Nueva York, o los graves daños que sufrió el edificio del Pentágono, el corazón de la defensa militar estadounidense, se repetían todavía cuando el mundo del deporte recibió una noticia que dejó atónitos a propios y extraños.
