Recuerdo que cuando era niño escuchaba historias de cómo los cubanos se las “ingeniaban” para tener acceso a productos y servicios que el comunismo les había arrebatado. En los tiempos del llamado “período especial” se hablaba, por ejemplo, de las “bicilavadoras”, que básicamente consistía en una bicicleta a la cual se le adaptaba un motor de lavadora rusa con la finalidad de aumentar su velocidad y así paliar un poco al grave problema de transporte público de la isla. También de las planchas sin electricidad, de los calentadores autóctonos y hasta cámaras fotográficas eran improvisadas “made in cuba”. La “inventiva” cubana se extendía sobre todo al campo de la alimentación, donde la escasez de comida obligaba a hacer literalmente de tripas corazones. Se producía pasta dental con bicarbonato, carne con concha de plátano y refresco a base de hiervas.