Transcurrido caso medio siglo de uno de los acontecimientos políticos más importantes y significativos del Siglo XX latinoamericano, el derrocamiento del gobierno democrático de la Unidad Popular por acción de las fuerzas armadas chilenas bajo el comando supremo del general de ejército Augusto Pinochet Ugarte y el impactante suicidio de Salvador Allende, que inscribiera tales hechos en los anales de la historia moral de la región, aún carecemos de un balance político jurídico de tales hechos. La calificación de tal acción como “una felonía” podrá satisfacer la curiosidad periodística, pero no aclara las razones que la provocaron. Tal falencia ha dejado los hechos en el nimbo de lo indeterminado, sirviendo a unos y otros como motivo acusatorio o deslegitimador para la acción política inmediata. Los fantasmas del mártir y el tirano – esas figuras dialécticamente contrapuestas analizados con tanta pertinencia por Walter Benjamin en su ensayo El origen del drama barroco alemán -, sombrean desde entonces en la política chilena y latinoamericana. El parte aguas del 11 de septiembre de 1973 aún pesa en la historia chilena. Y la actitud ante la dictadura y el plebiscito que le pusiera fin. El NO o el SÍ a la continuidad del gobierno por el entonces general en jefe de las Fuerzas Armadas, pesan más que cualquier otro antecedente a la hora del juicio. Hasta hoy, sólo el NO faculta al ejercicio magisterial. Así el proceso contra la dictadura y el dictador no haya tenido lugar ni la condena haya sido emitida, salvo por los resultados electorales de dicho plebiscito. Es un tema de alta política que aún al día de hoy nos adeudan los especialistas en la materia.