El torbellino de eventos políticos, sociales y económicos que se sucede en Venezuela, difícilmente se repite en otros países del mundo. Parece que el desgobierno de Nicolás Maduro hizo suyo aquel principio de renovación que utilizó la propaganda nazi durante tanto tiempo, según el cual hay que emitir constantemente informaciones y argumentos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, ya el público está pendiente de otra cosa.