Hasta los mismos delincuentes que usurpan el poder, coinciden: el parlamento es la única institución legítima que queda en pie en Venezuela, capaz de legitimar a otros órganos del Poder Público, como el TSJ que está en el exilio. Por más que hayan inventado ese adefesio jurídico que denominan “desacato”, no les queda otro remedio que reconocernos a los diputados electos en el 2015, aunque trapicheramente quisieron dividirnos a punta de reales y el tal Luis Parra despacha en las oficinas que la Guardia Nacional le presta en el Palacio Legislativo con los tres gatos que le acompañaron en esa aventurada del más burdo peseterismo. Imagínense que no tiene nombres para llenar las listas de las comisiones por más que haya juramentado a diputados que no lo son. Pero el caso está en el papel de la Asamblea Nacional para derribar al régimen socialista. Y, ya nombrado un encargado de la presidencia de la República, Juan Guaidó, el parlamento no tiene otra respuesta que dar que ser eso: parlamento. Está pendiente de discutir y aprobar el artículo 187, numeral 11 constitucional. ¿Qué espera para hacerlo? No se puede perder el tiempo en otras veleidades. A la vez que atiende el problema universitario, el eléctrico, el del hambre, etc., puede perfectamente encarar la situación (esto es, mascar chicle y caminar a la vez).