En su día, la Fundación Neruda me pidió que escribiera el prólogo para el espléndido libro, no venal, que narraba la amistad entre Federico García Lorca y el poeta chileno. Aproveché algunos materiales sobre ambos autores y fueron muchos los lectores que desde entonces han venido reclamándome la posibilidad de leer lo que escribí en aquel libro inaccesible. Me parece oportuno reproducirlo ahora, en esta etapa de confinamiento y reflexión