Los momentos de crisis política son fundamentales para evaluar la forma del liderazgo político, su perfil y su competencia para dar respuesta a los conflictos. Hace 20 años surgió en Venezuela un grupo heterogéneo de personas bajo la plataforma de un carismático militar golpista, nostálgico de Perezjimenismo. No puede ignorarse que para aquel momento su respaldo popular era impresionante, al punto que no hubo dolientes ante la destrucción de las instituciones democráticas, sin embargo, hoy día, fallecido el caudillo y sobreviviendo su régimen ultrapersonalista sin su centro de gravedad, ha sido cada vez más notorio el agotamiento del fenecido liderazgo. Pasaron de repartir promesas a multiplicar excusas, sus realizaciones fueron exiguas y su persistencia en escapar de las responsabilidades, solo es comparable con su infame intento de identificar culpables externos a ellos mismos. Es simple, “la revolución” es un liderazgo incompetente para enfrentar y menos aún solucionar los problemas del país.