Ser pobre no es bonito, ni chévere, ni sabroso, mucho menos admirable. A los pobres no les gusta ser pobres, más bien quieren comprarse una casa en una zona bonita, cambiar de entorno, comprar un carro, estudiar, ganar un buen salario o ejercer una actividad comercial prospera y, sobre todo, quieren dejar de ser pobres. La pobreza no es romántica, y tampoco es motivo de orgullo, no confundamos las cosas. De lo que sí debemos estar orgullosos es de la honradez, la dignidad, la ética, el esfuerzo diario, la superación personal, y el sacrificio por los seres queridos, entre otras muchas actitudes loables de los venezolanos.