En diversas oportunidades me sorprende sobremanera, más ahora ante la toma de nuestras vidas por una precariedad impuesta, apreciar el cobijo que se le brinda a la discursividad oficial, tapadora de sinvergüenzuras de todo calibre, como, por ejemplo, al referirse a los presos políticos lo trocaron en políticos presos (esta especie felizmente no tuvo arraigo comunicacional). No ocurre ausencia de gasolina o alimentos sino que compran en demasía. De ese modo, el régimen criminal busca manera, a veces efectiva, para echarle tierrita con el discurso a la realidad chocante.