Más allá de las definiciones de un sistema político hay que intentar describirlo, como una especie de anatomía y fisiología del poder, la política y el político. No otra cosa hizo Maquiavelo en El PRINCIPE desde la observación directa y el estudio de la historia. En el caso venezolano, harían falta muchos estudios, pero podemos intentar fijar algunos aspectos relevantes, en este caso, me centro en lo que podemos llamar la “feudalización del poder”; suspendida de hecho la Constitución (solo se aplica lo que convenga), el poder está fragmentado y repartido de manera fáctica. En el llamado “gobierno” hay un presidente de cuestionada legalidad y legitimidad de parte de un importante sector político y social y un poco más de cincuenta países. En torno a él se cohesiona (?) parte de la estructura burocrática y la influencia, no negada, del régimen cubano y otros intereses económicos internacionales. En paralelo está otro dirigente de poder público visible, presidente de una “constituyente” supra-constitucional y con plenos poderes. Además preside el partido de gobierno y se le atribuyen fuertes e importantes influencias económicas y militares. Un tercer dirigente, con rango vicepresidencial y responsable de las políticas económicas y ahora también responsable de PDVSA. Una evidente, no oculta ni negada troika del poder. El “sector-militar” también está fragmentado en un archipiélago de grupos y fuerzas fuertemente penetrado por intereses económicos, políticos e ideológicos y bajo vigilancia y sospecha permanente. Sobre estas cuatro bases se “sustenta y sostiene” el régimen y todas las estructuras de poder y gobierno “arriba y abajo”.