La profundización de la tragedia venezolana no encuentra fondo. Cada día se agregan nuevos elementos agravantes de la calidad de vida de los cuídanos, hasta el punto de avanzar a una situación de lesión que pone en riesgo la vida de, por lo menos, un cincuenta por ciento de la población. La destrucción de la economía, con la cual se evaporado el salario y los ingresos de las personas, la destrucción de los servicios básicos hace imposible la vida, sobre todo la de los asentamientos urbanos y semi urbanos, donde se concentra el 80% de la población. Esa mayoría no tiene como acceder a alimentos, y no puede prepararlos por la falta de agua potable, gas y/o energía. Nuestra población está ya en un cuadro de hambruna con tendencia a agravarse en las semanas por venir.