El lunes, 15 de junio, fue un día de esos cuando la vida, una vez más, te abre el centro del pecho y te dice que eres una presencia hostil para el poder, y entonces sientes la humillación de quien se encarga de controlarte la vida hasta en una cola para surtir gasolina. Es la presencia del uniforme militar que te humilla, te degrada como ciudadano.