Todo el planeta está estremecido por el Covid19, como nadie antes pudo imaginarlo. Constituye un desafío para las sociedades de mediano o elevado bienestar y, con mayor razón, para las que tienen por característica una masiva pobreza material, incluyendo las que atraviesan una catástrofe humanitaria como la venezolana. Por supuesto, en unas y en otras, el tratamiento de la pandemia es diferente, porque no es lo mismo para Corea del Sur de economía abierta, con libertades públicas indispensables, que Corea del Norte, sumergida en el comunismo que la ha sometido a varis hambrunas a través de su historia. Sin embargo, permítanme citar un detalle: el del tránsito regular de la ciudadanía por las vías públicas. Las hay, liberales, mas organizadas y disciplinadas que regulan la circulación peatonal de acuerdo a la gravedad de las cifras que se ventilan de los afectados por la pandemia, con reglas claras que permiten el mínimo desenvolvimiento de los servicios fundamentales, al lado de otras, iliberales y dictatoriales, que no informan y, propensas a la anarquía, permiten – indiferentes – que cada quien se aventure a sobrevivir en la calle; faltando poco, cuando se les ocurre, obligan al ciego confinamiento de una ciudadanía que simplemente es rehén de los privilegiados del poder.