Para mejorar nuestras condiciones de vida resulta sine qua non el cambio político, el cese de la usurpación, unánime clamor colectivo. Se ha perdido la soberanía nacional con la somalización del territorio, ocupado por bandas y mafias que se dedican impunemente a actividades ilícitas. Sin soberanía nacional no puede haber soberanía popular. Superado este aborto histórico, la mejor forma de ocupar el territorio es mediante la actividad agrícola y pecuaria, que aunque no compiten con las telecomunicaciones, la información y el conocimiento, es la manera más eficiente de fomentar el arraigo y la ocupación de territorio. El apego del hombre a la tierra es ancestral, afirma su gentilicio, apalanca otras actividades económicas y contribuye a la soberanía alimentaria.