Después que los ojos de la humanidad observaron el cadáver de Aylan, una criatura de apenas tres años de edad, empujado por el oleaje del mar hasta la orilla de una playa de Turquía, comenzaron a reaccionar, como correspondía, muchos gobernantes y líderes de organizaciones constituidas para velar por los derechos humanos. Ese hecho ocurrió en septiembre de 2015, cuando ese niño de origen kurdo, ahogado, fue cargado en sus brazos por un agente de policía de la zona, dando pie a una fotografía que instantáneamente le daba la vuelta al planeta, desatando una controversia que giraba en torno a la tragedia humanitaria que padecía el pueblo sirio.