Cuando llegué a Valencia para estudiar en la Universidad de Carabobo y era apenas un activista juvenil, ya el viejo Samán, Luis Abelardo Carmona, daba su generosa sombra en AD. Un dirigente humilde, de base, pero consecuente y comprometido como pocos. Persistente, animado, ocurrente, siempre una sonrisa y de primero en la lucha. Fue de aquellos adecos cuya fe inconmovible en la organización partidista fue forjada por haber conocido a Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Jaime Lusinchi y a Carlos Andrés Pérez, no como referencias históricas sino como compañeros. Nunca faltó a pesar de su edad a ningún compromiso partidista, ni tampoco a ningún compromiso de la agenda unitaria en estos ya larguísimos más de 20 años.