Al enterarme de la triste noticia del fallecimiento del periodista Alfredo Fermín cerré los ojos y recordé tiempos pasados. Recordé al hombre comprometido con la verdad, detrás del traqueteo de la máquina de escribir y profunda seriedad. Una persona afable y metódica, generoso con la ciudad que le acogió. Tantos años en el oficio de la prensa y, particularmente, en la redacción de El Carabobeño, hacía pensar que siempre estaría allí como el edificio, como la imprenta, como el papel periódico en los kioscos… cuestión ilusoria, se nos fue uno de los testigos del siglo XX, de sus luces y sombras, del período más importante para la construcción de la República. Se nos fue el autor de las columnas indispensables para entender a Valencia y al Carabobo de los últimos 40 años. Se fue un hombre que su sapiencia la ejercía con humildad, defendió a Valencia como suya.