Con este dilema un tanto artificial, también impuesto, acerca de si votar o no, si habrá o no elecciones; además, la designación írrita de un Consejo Nacional Electoral, las carencias de facultades para el espurio ente que lo nombra, el batiburrillo ahora en AD, el contexto político general, se agolpan ideas en la mente de cualquiera. También en la mía. De entrada aclaro que parto de la concepción de que mientras esté instaurada la tiranía no hay votación posible. Hay que botarlos. Con ellos, los dictadores y sus cómplices directos e indirectos, apoderados es imposible votar con algún tipo de sustancia. Pierde valor y contenido el voto, que debe implicar siempre libertad. Libertad individual y colectiva.