Con gran ingenuidad y la mejor de las intenciones, es común incurrir en equívocos respecto al cuidado del planeta. Con la idea de proteger la propiedad de la Tierra se suele destruir la propiedad privada con lo cual se termina afectando al globo terráqueo. De un tiempo a esta parte los socialismos se han agazapado al ambientalismo como una manera más eficaz de liquidar la propiedad privada: en lugar de decretar su abolición al estilo marxista, la tragedia de los comunes se patrocina con mayor efectividad cuando se recurre a los llamados “derechos difusos” y la “subjetividad plural” a través de lo cual se abre camino para que cualquiera pueda demandar el uso considerado inadecuado de lo que al momento pertenece a otro.