Bolsonaro es coherente y políticamente muy hábil. A pesar de haberse contagiado de coronavirus, continúa con su discurso de minimizar la gravedad de la enfermedad y de desprecio por la medicina. Y si todo continúa como hasta ahora, esta próxima semana cantará victoria: se declarará libre del virus y utilizará el hecho para consolidar su figura entre sus seguidores. Es un militar y está dispuesto a morir con las botas puestas antes de ceder un milímetro de sus convicciones. Como cualquier general, entiende que no importa el costo si hay que ganar una batalla crucial. En este caso, el “daño colateral” de la guerra, hasta el momento, lo constituyen 70.000 de sus compatriotas.
