1. Desde hace muchos años me pregunto cómo seres “normales”, a muchos de los cuales conocí en tiempos idos, pueden hacerse de la vista gorda por la tortura que en su nombre se inflige a civiles y a militares en las prisiones del chavismo. Me pregunto cómo personas que parecían conscientes y que, incluso, habían dedicado parte de sus desvelos a la defensa de los derechos humanos, ahora se hubiesen convertido no en indiferentes sino en corresponsables de los crímenes que se cometen en los centros de detención del régimen.