Una cooperación jamás vista, que rompe con las históricas jugadas de industria y mercado.
Además de esta declaración de buenas intenciones, observadores del sector señalan que hay una razón práctica para llevarla a cabo en medio de esta crisis sin precedentes: con la entrega de los Oscar 2021 diferida hasta abril, Netflix que se apodera de muchos títulos que iban a tener su première en sala y ahora no pueden, y los grandes estudios posponiendo muchos títulos para el año próximo, a cada uno de estos festivales les sería sumamente arduo armar un programa propio. Las películas disponibles, escasas, no podrían alimentar la habitual demanda de cada muestra internacional, además de que las restricciones aún imperantes para viajar circunscriben al público, y los compradores, de estos festivales, a una composición local. Y esto, siempre y cuando, los festivales puedan realmente hacerse.
Tanto Venecia como Toronto habían anunciado significativos cambios en la estructura de su programación, con alrededor de 50 películas de estreno mundial en cada uno de ellos (Toronto, competidor tradicional de Venecia por celebrarse casi simultáneamente, tenía un promedio anual de 300 títulos nuevos).
Telluride y Nueva York tendrán también contenidos más limitados y no utilizarán sus habituales políticas para aceptar la participación de una película. El año pasado la competencia fue feroz. Venecia se quedó con “Joker”, donde ganó el León de Oro: “Jojo Rabbit” fue a Toronto, donde obtuvo el Premio del Público; “El irlandés” abrió del Festival de Nueva York, y “Judy” se programó en Telluride. Cannes, el festival más herido por la pandemia, se resistió a que algunos de sus títulos seleccionados para este año, como el polémico “Ammonite”, drama de lesbianismo con Kate Winslet, fuera a Venecia, aunque se verá en Nueva York, lo que significa que (pese a los rencores del festival francés) también será aprovechado por el italiano.
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