Conocí a Hernán desde hace tiempo atrás, pero la verdad no había tenido la oportunidad de compartir con él hasta que se presentó una infeliz oportunidad: aquel día de 2017 en que nuestro partido, Acción Democrática, decidió retirarnos el apoyo a nuestras respectivas candidaturas a la Gobernaciones del nuestros estados: él a la del Zulia y a mí, a la de Carabobo. Ese día los dos nos enteramos por las redes sociales que ya no éramos candidatos de AD, cosa que en lo personal me dolió muchísimo porque alguien ha debido tener la cortesía y el respeto de llamarnos para decirnos que AD ya tenía candidatos a esas gobernaciones distintos a nosotros. Recuerdo que cuando llegué a la oficina del CEN nadie se atrevía a decirnos nada, solo un compañero pasó y nos dijo: “ya ustedes no son candidatos, es una decisión del partido”.
Hernán estaba tan furioso y enrojecido su rostro (zuliano de pura cepa) que me acerqué a él, vestía un pantalón beige y un saco azul oscuro, le dije: “hermano, tómalo con calma, no nos podemos enfermar por esto, no nos queda otra cosa que esperar, ya vendrán otros momentos”. Lo hice no solo en mi condición de médico, al verlo como estaba tan furioso porque no solamente no era él el candidato, sino por la manera que se había escogido la forma de que nos enteráramos.