“Muerte, muerte, aquí viene”, cantan Néstor Vargas y Luis José Cerpa con la radio a través de sus máscaras faciales, mientras avanzaban por la carretera en su camioneta. Vestidos de pies a cabeza con equipo de protección personal, los dos hombres recogen los cuerpos de las personas que murieron por Covid-19 en Lima, Perú, y sus alrededores. Es un trabajo que pocos quieren debido a la posible exposición al virus. Pero estos dos venezolanos corren el riesgo.
